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lunes, marzo 28, 2011

Es como cuando estaba en primer año de la universidad y estaba por levantar el brazo para hacer uno de mis primeros comentarios en clase. O como cuando estaba esperando una llamada por un trabajo y sonaba el celular y el número de la pantalla no era conocido. O como esos instantes que transcurrían entre el momento que el profesor decía mi nombre y me encontraba sentada frente a él para dar un final. O como cuando me di cuenta de que algo estaba por pasar con ese flaco que me gustaba. O esos segundos que transcurren cuando recibís ese mail que estabas esperando y llegás a las líneas relevantes. Toda esa adrenalina - mezclada con un poco de ansiedad y una pizca de angustia - que hace que el corazón se acelere, que se estruje un poquito, que por unos instantes hace que sienta una cierta incomodidad en el boca del estómago, y que hace que me sienta más viva que nunca, eso es lo que siento cuando pienso en viajar.

Y cuando me doy cuenta de que falta mucho para que eso suceda de nuevo, simplemente me dan ganas de llorar. 

jueves, agosto 12, 2010

Rock & Roll

Sabés que la ciudad que estás dejando es Londres cuando te subís al avión con una botella de litro de agua mineral, el sello de un bar en tu antebrazo izquierdo y te dormís antes del despegue.

miércoles, julio 21, 2010

En la calle

París es más que la torre Eiffel, el arco del triunfo y el Louvre, como Berlín es más que el muro, la tv tower y Brandenburger Tor, como Buenos Aires es más que el obelisco, Caminito y el cementerio de la Recoleta.
Para conocer una ciudad hay que caminarla, salir del circuito turístico, y meterse en los barrios y ver realmente cómo vive la gente, cómo interactúa, cómo transitan sus vidas en esa sociedad determinada.
Helen Levitt, una fotógrafa estadounidense, hizo exactamente eso. En el MUICO, en Madrid, tuve la oportunidad  de ver una exposición llamada "Lírica Urbana" que se compone de fotos que van desde la década del 30 hasta el 80, las cuales nos dan la posibilidad de ver cómo transcurría la vida barrial en distintos momentos del siglo XX.
La mayoría de las fotos fueron tomadas en Nueva York, pero hay una serie genial de fotos sacadas en el México de los años 40s
Además de una extensa colección de fotografías y una larga exposición de diapositivas a color, había un corto - "In the Street" - el cual encontré en dos partes y comparto porque considero que es algo genial para ver.



lunes, junio 28, 2010

Le temps détruit tout

(o sobre cómo somos esclavos del tiempo)

lunes, junio 14, 2010

Recomendación musical directo desde Bélgica

El viernes, como parte del Festival Out Loud! en Bruselas, fui a ver a Mary & Me en la terraza del Beursschouwburg, un teatro en el centro de la ciudad.

Tomar unas cervezas en la terraza ya sonaba como un buen plan, pero la banda nos sorprendió gratamente. Aparecieron vestidos con los colores de Bélgica (quizás una declaración política si tenemos en cuenta que el domingo había elecciones), y llenaron el lugar de un sonido limpio, atrapante, juguetón.

La voz de la cantante a veces me hizo acordar a la voz de Bjork, y otras a la voz de la minita de Jefferson Airplane, y a veces la forma de cantar tenía una similitud a las chicas de CocoRosie. A Liesje, mi amiga, le hizo acordar a An Pierlé. Como yo no la conocía, era imposible que me hiciese acordar a ella, pero luego comprobamos juntas que en algunas canciones, sí, suenan similar.

En fin, vimos a los músicos cambiar de lugar y de instrumento varias veces, oímos a la cantante jugar con su voz, y si no hubiese sido por las cuatro imbéciles amigas de la tecladista que sólo paraban de hablar para aplaudir cuando terminaba una canción, el recital hubiese sido perfecto.

Mary & Me ahora tiene un disco "Songs For Johnny" , el cual se puede comprar online (parece que no se consigue de otra manera). Mis temas preferidos fueron You y Hurt you y pueden escuchar un poco en myspace y en last.fm.


viernes, junio 04, 2010

Creo que he tenido buena suerte en haber nacido y crecido en Argentina en lugar de, por ejemplo, París.
Si me hubiese criado aquí, probablemente tendría otra opinión sobre el romanticismo, el amor, el matrimonio, etc. Probablemente me hubiese enamorado innumerable cantidad de veces, y mi corazón estaría en tan mal estado, que estaría en la lista de espera del INCUCAI francés.
Me hubiese enamorado cuando niña de los dulces chicos parisinos, que llevan jeans y mocasines y una camisa oscura metida dentro del pantalón, y que llevan sus rulos enmarañados, que no tienen casi contacto con la televisión y juegan solos en la quietud de su cuarto.
En el secundario, me hubiese enamorado una incontable e insoportable cantidad de veces de esos chicos magros, de igual cabello enmarañado, ya un poco más largo, que pasean su rebeldía en los parques.
Y en la universidad...Ah... ¡la universidad! Jamás me hubiese podido recibir. Me habría pasado los años mirando de reojo la nuca de un compañero que apenas escondería sus rasgos angulosos a través de una gruesa bufanda. Hubiese desfallecido de amor al ver a otro leyendo o escribiendo en el café cercano a la facultad.
Y luego, sentiría mi corazón quebrarse en cada viaje en metro, en cada concierto, hasta en el supermercado.
No, vivir en París no sería posible para mí.

martes, mayo 18, 2010

Relax

Fui a buscar la letra de la canción Relax de Frankie Goes to Hollywood, porque no me acordaba de la letra y quería ver si iba para mi situación actual.

Relax don't do it
When you want to go to it
Relax don't do it
When you want to come

Ehhhhh..... no. 
Al buscar, apareció la letra de Mika, el muchacho de los chupines blancos y rulos despeinados que canta: 
Relax, take it easy

For there is nothing that we can do.
Relax, take it easy
Blame it on me or blame it on you.

Claramente Mika no me habla a mí. Tomarlo con calma porque no hay nada que pueda hacer es la mayor incoherencia que se me puede sugerir.

viernes, abril 02, 2010

The Good, the Bad and the Ugly



The Good

Levantarse temprano e ir a la playa. El olor a mar. El olor a ajo friéndose al mediodía. Lograr no ser tan neurótica. Alcanzar un estado de felicidad constante. No levantarme de mal humor. Cocinar más. Caminar más. Cantar más. 

Tomar una cerveza bien barata en el boteco de la esquina e intentar varias veces pronunciar correctamente "Skol". No, no es /sscol/. Sonreír. Que me sonrían. Sin ninguna razón. Las caipirinhas.

Aprender a sambar. Contagiarme un poco esa fascinación por mover los pies apenas una samba comienza a sonar. Emocionarme con determinadas canciones. Casi casi como si las hubiese escuchado toda mi vida.

Viajar sola. Salir sola. Comer sola. Caminar sola. Y también: viajar con amigos, salir con amigos, comer con amigos, caminar con amigos.

Año nuevo. Y en febrero, carnaval.

Absoluta libertad.

The Bad

Mi presupuesto y las miles maneras que Río tenía para atentar contra él. Mis ausentes ganas de trabajar.

The Ugly

Volver, y ver los miles de rostros sin sonrisas que transitan las calles de Buenos Aires. 
Volver, con la frente marchita y sin ninguna playa a donde escaparse, sin ningún mar para zambullirse.
Volver, y ver a toda esta gente moderna que ni se imagina de la libertad de la que se está privando.
Volver, y encontrar el kilo de limas a veinte pesos.




martes, marzo 09, 2010

Las comparaciones son odiosas*. Hoy: Antes del Fin

Si bien una hace muchas comparaciones y toma decisiones casi a cada segundo - hoy, por ejemplo, me tomé un té en el desayuno en lugar de mi riguroso café - hay momentos cruciales, en los que - por lo menos para mí - una lista detallada es requerida.

Estando mi regreso a BA tan cerca, ha resultado inevitable ser víctima del balance - y no del balanceo - y de ese ejercicio que implica sopesar lo que se está dejando y a lo que se está yendo.

"Lo primero que hago, es tomarme un café con leche con medialunas", pienso. Pero casi en el mismo instante pienso cuánto voy a extrañar el açaí. 
"Voy a ver a mis amigos", pienso, y me alegro muchísimo. Pero...¿y la gente maravillosa que conocí aquí? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que los vuelva a ver?
"Buenos Aires, tiene ese nosequé", y pienso en caminar por sus calles. Pero no puedo evitar sentir ya la ausencia de la playa.
Sumado a todo eso, sé que voy a extrañar la samba, el pão de queijo y tantas otras cosas.

Volver de Brasil nunca ha sido fácil. Pero ahora, luego de estar cuatro meses acá, la situación es mucho peor. He creado lazos. Lazos con la gente. Lazos con lugares.

Volveré a BA, y la gente estará hablando porteño y no portugués, los conductores tocarán bocina indiscriminadamente y no me dejarán pasar, la gente se peleara en la calle y no sambará, los chicos son muy lindos pero me histeriquearán, quizás haga calor pero no habrá playa a donde escapar.

Y lo que más me preocupa, es que quizás, en unas semanas, seré la misma de siempre.

* No todos los cariocas son iguales. No todos los porteños son iguales. Siempre hay excepciones que confirman la regla. Algunas veces las excepciones son maravillosas y otras, terribles (dependiendo de la regla, claro)


lunes, marzo 08, 2010

Todos los años suelo quejarme por la existencia del día de la mujer, despotrico contra el machismo, y hago un llamado a la reflexión. O algo así. Este año, decido no indignarme e ir a la playa. Al fin y al cabo, casi casi que ni sé en qué día estoy.

sábado, marzo 06, 2010

No sé si será el hecho de que cada vez se acerca más el momento de dejar Río, o es un intento desesperado de demostrarme que aún soy joven, pero en esta semana, ya van dos noches que paso de largo. ¿El resultado? Es muy pronto para saber.

martes, febrero 23, 2010

Cosas que ya sé que extrañaré cuando deje Río

- El pão de queijo
- La posibilidad de ir a la playa cuando se me canta
- Tomar una skol mientras espero por el colectivo
- Los Nossa! Caraca! y Poxa!
- La samba a la vuelta de cualquier esquina
- Açai con granola
- Pasar con el colectivo por la Lagoa
- Maravillarme cada vez que veo a alguien moviendo el bum-bum al ritmo de la samba o del funk.
- Sei lá, Sei lá, a vida é uma grande ilusão

lunes, febrero 08, 2010


viernes, febrero 05, 2010

Me encanta cuando por azar conozco personas que renuevan mi esperanza en la humanidad.

lunes, enero 18, 2010

Hasta qué punto es algo positivo tener esa incesante necesidad de conocer lugares y cosas nuevas, me pregunto.  Y me pregunto, hasta qué punto está bien sentir curiosidad por lo que no estamos viendo, oliendo, sintiendo, conociendo.

Ay.

domingo, enero 10, 2010

Mi estado casi casi zen me permite lidiar de una manera poco estresante con todas las idioteces que se me cruzan al camino. En cualquier momento hago la gran Ari Palluch y escribo un libro inútil.

jueves, diciembre 31, 2009

Creo que se puede decir que se tuvo un buen año, cuando estás tan ocupada viviéndolo que ni tenés tiempo para hacer el balance.

miércoles, diciembre 02, 2009

Boa Vida

Lunes 3.30 pm. Copacabana.

martes, noviembre 24, 2009

Filosofía barata y ojotas de goma

El dinero limita la libertad. Si bien la impresión que uno tiene es la contraria, uno cree que el dinero es lo que nos proporciona libertad, es justamente él quién nos la coarta. La impresión errónea surge de esa idea de que parece difícil concebir una vida plenamente libre sin dinero.
En este momento, por ejemplo, siento una libertad que no creo haber tenido/sentido en ningún otro momento de mi vida.
No tengo que levantarme a determinado horario, ni cumplir determinada cantidad de horas de trabajo, ni nada por el estilo. Como, duermo, camino, me siento, me zambullo en el mar... hago todo esto y mucho más cuando me place. El único límite es el de mi imaginación y el de mi energía.
Y, ¿por qué puedo hacer esto? Porque tengo dinero. Porque me sometí a cumplir un horario de un trabajo que no me gustaba. Sólo para ahorrar plata. Me levanté durante mucho tiempo a la misma hora; tomé el mismo subte o bondi todos los días; maté, no, asesiné sin piedad ocho horas diarias de mi vida, de lunes a viernes. ¿Para qué? Para poder comprar un poco de libertad. Me vendí al sistema para poder escaparme de él por un rato.
Y si bien disfruto de este paseo libertario, no puedo evitar pensar que, cuando el dinero se acabe, tendré que volver al universo capitalista para poder comprar una nuevo dosis de esta dicha.

lunes, noviembre 09, 2009

No sé si fueron los treinta y pico grados a la sombra, o el chopp que me tomé bajo el toldo del Amarelinho, o el hecho de la que la terapia carioca está funcionando, o todo junto, pero lo que sí sé es que cuando el señor que estaba sentado a mí lado empezó a chasquear la lengua contra su paladar sin clemencia ni intermitencia, yo - contra todo instinto natural - no me cambié de asiento.