lunes, febrero 07, 2005

Suchard

Pedro está feliz. Acaba de terminar las pancartas y le quedaron muy lindas (según su opinión, claro).
Las tiene apoyadas contra la pared color celeste bebé de su departamento.
Se da cuenta que hizo seis pancartas y que él sólo puede llevar dos. Un desperdicio de materiales. (Conseguir a alguien que lo acompañe no se le cruza por la cabeza).
Elige dos, las que él considera más logradas.
Una dice "¡Areneros libres de piojos!"; la otra "Justicia a las cabezas de nuestros hijos".
Pedro no tiene hijos.
Ni sobrinos.
Ni ahijados.
Ni nietos (¡si no tiene hijos!).
Ni siquiera tolera a los hijos de sus amigos... Pero este no es momento para flaquear y dar marcha atrás. Sabe que es una buena causa y está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias...
Como lo hizo contra la invasión a Irak, contra el retiro del mercado del alfajor Suchard, contra el hambre en Catamarca, contra los pullóveres para perros... Y contra toda una lista kilométrica de cosas por las cuales se había manifestado a lo largo de su existencia...

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