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viernes, abril 02, 2010

The Good, the Bad and the Ugly



The Good

Levantarse temprano e ir a la playa. El olor a mar. El olor a ajo friéndose al mediodía. Lograr no ser tan neurótica. Alcanzar un estado de felicidad constante. No levantarme de mal humor. Cocinar más. Caminar más. Cantar más. 

Tomar una cerveza bien barata en el boteco de la esquina e intentar varias veces pronunciar correctamente "Skol". No, no es /sscol/. Sonreír. Que me sonrían. Sin ninguna razón. Las caipirinhas.

Aprender a sambar. Contagiarme un poco esa fascinación por mover los pies apenas una samba comienza a sonar. Emocionarme con determinadas canciones. Casi casi como si las hubiese escuchado toda mi vida.

Viajar sola. Salir sola. Comer sola. Caminar sola. Y también: viajar con amigos, salir con amigos, comer con amigos, caminar con amigos.

Año nuevo. Y en febrero, carnaval.

Absoluta libertad.

The Bad

Mi presupuesto y las miles maneras que Río tenía para atentar contra él. Mis ausentes ganas de trabajar.

The Ugly

Volver, y ver los miles de rostros sin sonrisas que transitan las calles de Buenos Aires. 
Volver, con la frente marchita y sin ninguna playa a donde escaparse, sin ningún mar para zambullirse.
Volver, y ver a toda esta gente moderna que ni se imagina de la libertad de la que se está privando.
Volver, y encontrar el kilo de limas a veinte pesos.




martes, marzo 09, 2010

Las comparaciones son odiosas*. Hoy: Antes del Fin

Si bien una hace muchas comparaciones y toma decisiones casi a cada segundo - hoy, por ejemplo, me tomé un té en el desayuno en lugar de mi riguroso café - hay momentos cruciales, en los que - por lo menos para mí - una lista detallada es requerida.

Estando mi regreso a BA tan cerca, ha resultado inevitable ser víctima del balance - y no del balanceo - y de ese ejercicio que implica sopesar lo que se está dejando y a lo que se está yendo.

"Lo primero que hago, es tomarme un café con leche con medialunas", pienso. Pero casi en el mismo instante pienso cuánto voy a extrañar el açaí. 
"Voy a ver a mis amigos", pienso, y me alegro muchísimo. Pero...¿y la gente maravillosa que conocí aquí? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que los vuelva a ver?
"Buenos Aires, tiene ese nosequé", y pienso en caminar por sus calles. Pero no puedo evitar sentir ya la ausencia de la playa.
Sumado a todo eso, sé que voy a extrañar la samba, el pão de queijo y tantas otras cosas.

Volver de Brasil nunca ha sido fácil. Pero ahora, luego de estar cuatro meses acá, la situación es mucho peor. He creado lazos. Lazos con la gente. Lazos con lugares.

Volveré a BA, y la gente estará hablando porteño y no portugués, los conductores tocarán bocina indiscriminadamente y no me dejarán pasar, la gente se peleara en la calle y no sambará, los chicos son muy lindos pero me histeriquearán, quizás haga calor pero no habrá playa a donde escapar.

Y lo que más me preocupa, es que quizás, en unas semanas, seré la misma de siempre.

* No todos los cariocas son iguales. No todos los porteños son iguales. Siempre hay excepciones que confirman la regla. Algunas veces las excepciones son maravillosas y otras, terribles (dependiendo de la regla, claro)


lunes, marzo 08, 2010

Todos los años suelo quejarme por la existencia del día de la mujer, despotrico contra el machismo, y hago un llamado a la reflexión. O algo así. Este año, decido no indignarme e ir a la playa. Al fin y al cabo, casi casi que ni sé en qué día estoy.

sábado, marzo 06, 2010

No sé si será el hecho de que cada vez se acerca más el momento de dejar Río, o es un intento desesperado de demostrarme que aún soy joven, pero en esta semana, ya van dos noches que paso de largo. ¿El resultado? Es muy pronto para saber.

martes, febrero 23, 2010

Cosas que ya sé que extrañaré cuando deje Río

- El pão de queijo
- La posibilidad de ir a la playa cuando se me canta
- Tomar una skol mientras espero por el colectivo
- Los Nossa! Caraca! y Poxa!
- La samba a la vuelta de cualquier esquina
- Açai con granola
- Pasar con el colectivo por la Lagoa
- Maravillarme cada vez que veo a alguien moviendo el bum-bum al ritmo de la samba o del funk.
- Sei lá, Sei lá, a vida é uma grande ilusão

domingo, febrero 07, 2010

Un paso para atrás

Algunas cosas no cambian. Hace unos días tuve que interrumpir un rato la conversación porque no podría recordar el nombre de la marca de mi agenda.
Como buena neurótica obsesiva que soy, caminé con mi amiga por la librería repitiendo el abecedario, incapacitada para seguir la conversación, esperando que una de las letras resaltase.


M. Moleskine.



Y sí, sigo acomodando los sobrecitos de azúcar y edulcorante. No se puede todo, Bea.

lunes, enero 18, 2010

Hasta qué punto es algo positivo tener esa incesante necesidad de conocer lugares y cosas nuevas, me pregunto.  Y me pregunto, hasta qué punto está bien sentir curiosidad por lo que no estamos viendo, oliendo, sintiendo, conociendo.

Ay.

domingo, enero 10, 2010

Mi estado casi casi zen me permite lidiar de una manera poco estresante con todas las idioteces que se me cruzan al camino. En cualquier momento hago la gran Ari Palluch y escribo un libro inútil.

jueves, diciembre 31, 2009

Creo que se puede decir que se tuvo un buen año, cuando estás tan ocupada viviéndolo que ni tenés tiempo para hacer el balance.

miércoles, diciembre 09, 2009

Lo que hay que lograr es llevar ese estado de ánimo que una tiene cuando está de vacaciones, de viaje, relajada,  con una vaya a donde vaya. Trabajando cuatro, ocho o veinte horas por día. Esa sensación de que todo está bien, de que una está donde debe estar, de que la comida sabe mejor, el aire fresco luego de la lluvia nos sienta siempre bien, y las prioridades están como siempre deberían haber estado, bien ordenadas.

miércoles, diciembre 02, 2009

Boa Vida

Lunes 3.30 pm. Copacabana.

martes, noviembre 24, 2009

Filosofía barata y ojotas de goma

El dinero limita la libertad. Si bien la impresión que uno tiene es la contraria, uno cree que el dinero es lo que nos proporciona libertad, es justamente él quién nos la coarta. La impresión errónea surge de esa idea de que parece difícil concebir una vida plenamente libre sin dinero.
En este momento, por ejemplo, siento una libertad que no creo haber tenido/sentido en ningún otro momento de mi vida.
No tengo que levantarme a determinado horario, ni cumplir determinada cantidad de horas de trabajo, ni nada por el estilo. Como, duermo, camino, me siento, me zambullo en el mar... hago todo esto y mucho más cuando me place. El único límite es el de mi imaginación y el de mi energía.
Y, ¿por qué puedo hacer esto? Porque tengo dinero. Porque me sometí a cumplir un horario de un trabajo que no me gustaba. Sólo para ahorrar plata. Me levanté durante mucho tiempo a la misma hora; tomé el mismo subte o bondi todos los días; maté, no, asesiné sin piedad ocho horas diarias de mi vida, de lunes a viernes. ¿Para qué? Para poder comprar un poco de libertad. Me vendí al sistema para poder escaparme de él por un rato.
Y si bien disfruto de este paseo libertario, no puedo evitar pensar que, cuando el dinero se acabe, tendré que volver al universo capitalista para poder comprar una nuevo dosis de esta dicha.

lunes, noviembre 09, 2009

No sé si fueron los treinta y pico grados a la sombra, o el chopp que me tomé bajo el toldo del Amarelinho, o el hecho de la que la terapia carioca está funcionando, o todo junto, pero lo que sí sé es que cuando el señor que estaba sentado a mí lado empezó a chasquear la lengua contra su paladar sin clemencia ni intermitencia, yo - contra todo instinto natural - no me cambié de asiento.